Ermita de San Vito

ermita-de-san-vito

En 1993, Serafín Martín Nieto en su libro “Cáceres: cofradía y ermita de Santo Vito” se quejaba amargamente del poco interés de la autoridad competente a la hora de salvar una de las ermitas cacereñas que estaba en estado lamentable, en concreto, la ermita de San Vito, de la que existen referencias históricas desde principios del XVI. Aquellas quejas parece que van a ser atendidas, una de las escuelas taller que trabaja en la ciudad se va a hacer cargo de su restauración y ya un arquitecto está redactando el proyecto para la recuperación de la misma.

A la hora de realizar el proyecto se tendrán en cuenta los datos que se saben sobre dicha ermita. El autor citado anteriormente destaca de lo poco que se puede saber lo siguiente:

“Se trata de una construcción rectangular de mampostería, cuya cabecera, con tejado a cuatro aguas, excede en altura a la nave, a dos aguas. En algunas fotos se destaca la ya desaparecida espadaña muy similar a la de San Blas. Asimismo, se distingue un arco y un pilar de pórtico que se extendía delante de la nave. La techumbre sería de cañizo ya que no hay restos de bóvedas. La puerta de acceso era un antiquísimo arco de medio punto sobre impostas, que tal vez haya quedado empotrado en la ampliación de la vivienda. La cabecera presenta una pequeña ventana abocinada por la parte norte, por la que penetraría la luz al recinto sagrado. Tuvo coro, de reducidas dimensiones, similar al que existió en San Blas antes de la adaptación como templo parroquial. El altar debería ser de mampostería, con algún medallón pintado o esgrafiado en el frente, semejantes a los antiguos de Santa Lucía o la Virgen de la Guía de San Blas. El retablo se adquirió en 1784 por parte de la Cofradía de la Misericordia, en encargo hecho al escultor Juan Bravo. Benito Boxoyo, testigo ocular de muchos edificios ya perdidos, nos informa que contaba con un solo altar dedicado al titular, la efigie del mismo del siglo XVII, mide 56,50 cm., representa al santo mártir como diácono, con alba, dalmática roja con adornos florares en oro que semejan al damasco; los ojos están tallados y pintados en la madera. La mano derecha, algo desproporcionada y tosca debía sujetar una pluma, con la izquierda sostiene un libro. Tal vez en los siglos XIV y XVI contara con altares para San Modesto y Santa Crescencia”.

San Vito era un muchacho entre diez y catorce años, adoptado por Modesto y Crescencia que lo introdujeron en la fe católica, a comienzos del siglo IV fue martirizado en una de las muchas persecuciones de los romanos. Su fama se extiende en la Edad Media como remedio para personas y animales, contra la enfermedad denominada “Baile de San Vito”. Los cultos a estos santos se propagaron en la Edad Media, donde la intercesión de los mismos era considerada como muy eficaz ante la enfermedad o cualquier necesidad. Existió un grupo de catorce santos que eran los más socorridos y eran conocidos como santos auxiliares: Acacio, Bárbara, Blas, Catalina de Alejandría, Ciriaco, Cristóbal, Dionisio, Egidio, Erasmo, Eustaquio, Jorge, Margarita, Pantaleón y Vito.

A partir de 1652 se conocen los nombres de los cofrades de la cofradía del santo, pero debió existir bastante antes porque se ha perdido el libro de fundación de la misma. Dicha cofradía pasa por altibajos (como todas), pero perdura hasta 1817 donde no se cubre el puesto de diputado al fallecer el titular. En 1919 con la restauración de la ermita parece que resurgiría, pero fue flor de un día, pasadas las celebraciones y por ausencia de hermanos su extinción era inexorable.

La fiesta se celebraba solemnemente el día 15 de junio, la parroquia de Santiago llevaba toda la organización de la misma. Se celebraban vísperas el día anterior, y al día siguiente vigilia. Si la fiesta coincidía con Pentecostés, la Santísima Trinidad o el Corpus, se transfería al domingo siguiente. Con la desaparición de la cofradía se dejó de celebrar dicha fiesta.