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Arranca el sínodo diocesano

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¿En la Misa Crismal celebrada el pasado 17 de abril, Miércoles Santo, en la catedral de Coria, se hizo la convocatoria oficial del décimo cuarto sínodo diocesano. Desde donde esté el obispo don Alfonso II, que en 1331 convocó el primero, habrá hecho algún comentario.

Don Francisco ha considerado que ha llegado el momento de escuchar al Pueblo de Dios en relación a algunos temas que son trascendentales, temas que llevan consigo una problemática a la que hay que aportar soluciones. Bueno es echar mano a la historia, pero los retos que nos vamos a plantear tienen que ver con lo que vendrá, de ahí la importancia de los mismos.

¿Qué es la Iglesia?, ¿qué idea de Iglesia sacamos de los evangelios, de los Santos Padres, de la Edad Media, del Renacimiento?, ¿de los Concilios?, ¿del Concilio Vaticano II?, ¿de las enseñanzas de los papas? ¿De qué concepto de Iglesia partimos? La eclesiología es el tratado teológico que intenta abordar estas preguntas y su dificultad es grande porque las respuestas que se han dado no todas son coincidentes.

El convocar un sínodo significa que crees en una Iglesia que, animada por el espíritu, representado en sus pastores, es capaz de dar participación a todos; una Iglesia corresponsable, que necesita de todos, porque todos tienen algo que decir. Una Iglesia que convocada por su pastor se atreve a reunirse en círculo donde todos nos podemos ver las caras.

Convocar un sínodo significa que crees en una Iglesia que no está estancada, sino que camina y evoluciona con los tiempos que le toca vivir y, por lo tanto, ahora hay unas situaciones y unos problemas que no había hace veinte años, y a esas realidades hay que darles soluciones nuevas porque no valen las recetas del pasado.

El Concilio Vaticano II y la exhortación del papa Francisco “Evangelii Gaudium” son dos buenos faros que deberán iluminar el recorrido sinodal que nos disponemos a poner en marcha. El trabajo será mucho, complejo y difícil, pero con nuestro apoyo en la oración, con la intercesión de María y San Pedro de Alcántara y con la buena voluntad y la colaboración por parte de todos llegaremos a buen puerto.

No es pretencioso admitir que la Iglesia Diocesana se juega mucho en esta acción, no puede haber excusas, cada uno está llamado a aportar lo mejor que tenga.

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