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A vueltas con la guerra

Bandera de Ucrania

El tema monográfico y recurrente de estos días siguen siendo las noticias que nos llegan del este de nuestra querida Europa. Las cabeceras de los periódicos tanto en papel como digitales, los encabezamientos de todos los telediarios de cualquier lengua o nacionalidad, el tema es, y lo seguirá siendo, el sufrimiento y el dolor de nuestros vecinos ucranianos. Las imágenes que vemos nos trasladan a una realidad que era impensable que sucediera a estas alturas y tocan nuestras fibras más sensibles. Las negociaciones están estancadas y mientras tanto… es muy impredecible lo que nos queda por ver.

Noticias sobre pueblos oprimidos, etnias hechas desaparecer, naciones aplastadas y destruidas por otras, han existido siempre, pero, o bien porque sucedían demasiado lejos de nosotros, o porque políticamente (que es peor) no fuera algo correcto nombrarlo, pasaban mas o menos desapercibidas. Creo que esto no está bien, allí también había personas: niños, mujeres, ancianos… que han sido masacrados sin piedad y lo que es peor, por unos intereses que son impresentables. ¡Malditas ideas, maldito poder, dominio y prepotencia que se lleva por delante la vida de alguien!

Pero claro, lo que sucede ahora, está pasando al lado nuestro, casi en el umbral de nuestra casa. En estos veintitantos días ha habido planteamientos que se han dado la vuelta de arriba abajo, cuando se llevaba más de ochenta años sin tocarlos. Solamente con que un misil soviético de desviara unos veinte kilómetros más al oeste de donde seguirán cayendo, las consecuencias se desbocarían irremisiblemente.

Esta realidad ha producido que muchas de nuestras seguridades y nuestro ritmo de vida estén en peligro y, por lo tanto, hay que comenzar a intuir quien puede ser el siguiente y hay que prepararse por lo que pueda pasar. Nada va a ser ya igual, en menos de un mes se han venido abajo todos los puentes construidos desde los años sesenta del pasado siglo.

La persona religiosa ya sabe que tiene que hacer dos cosas muy importantes, una, pedir al Dios de su fe por el cese del conflicto y dos comprometerse desde el sitio donde esté, en la ayuda y en la colaboración para que esto termine cuanto antes, las dos cosas son inseparables. El que no lo sea solo tiene que hacer una, la segunda que acabo de citar. Tampoco es tanto lo que nos separa.

Mucho ánimo para todos.