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Abierto el edificio del seminario

Seminario de Cáceres

Fotografía: Alberto Mateos

Cuando en septiembre de 1998 fui nombrado rector del Seminario por Don Ciriaco, un sacerdote mayor que residía en él, y que ha muerto hace poco, me dijo “Antonio, tu vas a ser quien cierre el Seminario”, le dije “hombre, no me digas eso”. Me alegro que su previsión no se cumpliera, porque el 29 de septiembre fue una fecha importante para la Diócesis. Cuando en otros sitios los seminarios se cierran, resulta que el nuestro abre de nuevo sus puertas y con un aspecto totalmente renovado.

Han sido cuatro años de trabajo intenso, recuerdo cuando se vació el edificio de todos los muebles, o cuando los muros interiores iban cayendo para acoger la nueva estructura. Paso a paso, día a día, se han ido cumpliendo las fases de la edificación hasta llegar a lo que podemos ver ahora, es verdad que quedan los remates finales, pero es pan comido.

Hemos repetido hasta la saciedad lo que significa el Seminario para la Diócesis, y lo que puede significar este edificio para la ciudad, asumido que la obra iba a suponer un esfuerzo para todos, tenemos claro que los beneficios superarán los sacrificios que hayamos podido hacer. Solo nos queda mirar hacia adelante y seguir con nuestra ayuda desinteresada en lo que dice relación a llenar el seminario de seminaristas y a mantener y conservar este edificio emblemático.

Me imagino que ese día Don Francisco recordará a todos los que a partir de 1954, con su trabajo desinteresado han logrado que este edificio se haya mantenido en pie a pesar de las carencias y las dificultades, que las ha habido.

Un agradecimiento muy especial merecen las aportaciones económicas que han hecho los diocesanos, tanto parroquias, como asociaciones o fieles particulares, para ayudar en los gastos de la edificación: adopción de habitaciones, campaña “baldosa a baldosa”, colectas, donativos… los responsables del seguimiento económico deberán dar cuenta detallada de todo a la comunidad diocesana.

Felicitar a Don Francisco, a la Diócesis, a los formadores del seminario, a los responsables del seguimiento de los obras, por la labor realizada a lo largo de estos años. El Seminario está ahí, sigue vivo, ahora hay que saber sacar provecho a todas las posibilidades que nos ofrece.

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