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¡Ay, Señor Señor!

Juan José Omella

Fotografía: Conferencia Episcopal Española (Flickr)

No se me ocurre otro título más que este cuando dedico la columna a comentar temas relacionados con la actualidad de la Iglesia Católica. Los de hoy son recién sacados del horno.

La semana pasada (de lunes a viernes) se ha reunido en Madrid el pleno de la Conferencia Episcopal Española (lo hace dos veces al año, una en marzo y otra en noviembre). Un discurso del Presidente (en la actualidad el arzobispo de Barcelona) abre los trabajos, discurso que suele reflejar los puntos calientes de la actualidad.

Os trascribo dos párrafos de su intervención que se comentan por sí mismo: “La fe va perdiendo presencia en la cultura ambiental de nuestro país, lo cual está provocado… por las inconsistencias internas de la Iglesia y de los cristianos, y, también hay que decirlo claro: de nosotros los propios pastores de la Iglesia… pues con nuestra falta de testimonio e incoherencia… en no pocas ocasiones contribuimos, no sin escándalo, a la desafección y a la falta de confianza en la jerarquía, en la propia Iglesia”.

Omella animó a “afrontar temas como la falta de fe y la corrupción dentro de la Iglesia que nos duelen muy de veras y pedimos perdón a Dios, a las víctimas y a la sociedad, a la par que trabajamos por su erradicación y prevención”.

No lo digo yo, es el mismo presidente de la conferencia episcopal, y creo que bien dicho. Ahora solo falta, que una vez reconocido el error, se ponga el remedio necesario, para que en la medida de lo posible no vuelva a suceder. El trabajo no va a ser fácil, porque no todos están de acuerdo en lo que Omella se ha atrevido a decir, pero es el único camino posible, no hay otro.

Un sacerdote católico que ejerce su ministerio en Madrid, que hace un tiempo ofrecía sus reflexiones a través de tve, en la actualidad lo hace a través de un medio propio, donde cuelga sus comentarios en Internet; el del domingo pasado partía de una afirmación del papa Francisco en el que decía que le gustaría que su sucesor fuera un Juan XXIV, como defendiendo la labor y el estilo del papa santo de los años sesenta.

Este sacerdote, titulaba su comentario “¿Necesitamos un Juan XXIV o un Juan Pablo III?” Después de poner a caldo (no diciéndolo directamente) al papa actual, terminaba con que él no sabía como será el próximo papa, que eso solo lo sabe el Espíritu Santo, faltaría más, pero se deducía claramente que esperaba que como el actual no fuera.

¡Ay Señor, Señor!