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Camino a la Semana Santa

Muerte y Resurrección

Llegados a estas fechas, no puedo impedir que mi mente me lleve irremisiblemente, a comenzar a considerar lo que los cristianos viviremos este año la última semana de marzo. Al ser una celebración que se rige por unas consideraciones de las que cada vez van quedando menos en nuestra querida Europa, no sé como no ha habido ya algún intento de tratar de organizar esta desorganización, no quiero dar ideas, pero seguro que alguno lo ha pensado. Lo cierto es que su movilidad todavía aguanta.

Como digo, no puedo evitar evocar lo que los cristianos celebraremos estos días, y con esto me refiero, a ese grupo de creyentes que el Jueves, Viernes y Sábado Santos van a organizar su vida teniendo en cuenta el horario que las parroquias a las que pertenecen han establecidos para las liturgias de esos días. No sé si serán muchos o pocos, pero sí sé que son, y esto es lo más importante.

No sé si os suenan cosas como: la vela del santísimo a partir del Jueves, que el Viernes no hay eucaristía, el lavatorio de los pies, las largas lecturas de la pasión, el agua la noche de la Vigilia, la lumbre a la puerta de la Iglesia, el número de lecturas del sábado, la adoración de la Cruz, los bautizos, la colecta por los Santos Lugares…

Todas estas cosas estarán presentes en el día a día de aquellos cristianos a los que la liturgia convoca en esa semana de una forma especial.

Me diréis, lleva usted más de media columna, y no ha dicho nada de las procesiones. Tenéis razón. ¿Qué sería de la Semana Santa en España sin las procesiones? O mejor ¿qué sería de la Semana Santa en nuestro Cáceres sin las procesiones? No voy a ser yo el que no valore los suficiente esta realidad que va unida inexorablemente a la semana más importante los creyentes cristianos.

Son muchos los aspectos positivos que estas realidades eclesiales aportan a la vivencia religiosa de muchas personas, para algunos puede ser lo único que los una a la vivencia de su fe. La dimensión social que poco a poco van favoreciendo las juntas directivas y la formación que organizan para sus miembros, son cosas dignas de valorar.

Hay que seguir pidiéndoles más implicación eclesial, para solidarizarse con toda la realidad diocesana, la dificultad del problema no exime de trabajar esta realidad.

Feliz y santa semana.