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Cuaresma

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Este año con más adelanto que otros, se nos presenta un nuevo tiempo de los llamados fuertes en la liturgia cristiana. Cuarenta días faltarán, cuando comience, para la celebración de la Vigilia Pascual.

La psicología reconoce como un principio de madurez el saber reconocer los defectos de cada uno, aceptar que no soy perfecto, que tengo cosas que mejorar. Normalmente, es algo, que no nos cuesta demasiado aceptar, y lo solemos reconocer. La cosa cambia cuando es otro el que nos dice que tenemos que hacerlo, o nos indica el momento en el que es necesario, o están continuamente recordárnoslo, cuando se dan estas premisas el asunto no se ve tan claro, nos molesta, nos incordia, y respondemos que no es necesario que nos lo repitan tanto, y que ya sé lo que tengo que hacer. Todo esto quiere decir que lo que dijimos al principio no es verdad que esté tan claro o que lo asumamos tan fácilmente.

El problema gordo viene, cuando añado a todo lo anterior que no basta hacerlo porque uno descubra que lo tiene que hacer, sino que como persona religiosa, debe hacerlo también delante de Dios, entonces ya sí que estoy perdido. “Eso es cosa de los curas, que quieren meternos miedo para ellos controlar nuestras mentes y nuestra manera de pensar, y sacar provecho de asunto”, “que lo predican unos cuantos aguafiestas, pero que ellos no dan ejemplo”… seguro que son frases que hemos escuchado alguna vez.

En estos domingos hemos oído como Jesús comienza su trabajo invitando a algunos a que se fueran con él. En el evangelio solo aparecen los que le dijeron que sí, pero seguro que hubo otros muchos que no le hicieron ni caso. De los que dijeron sí, prácticamente todos supieron estar a la altura.

¿Cómo puedo sugerir algo a alguien que antes no ha dado una respuesta afirmativa al fundamento de lo que le estoy diciendo?, o ¿que sus ideas sobre lo que le digo están completamente deformadas? Simplemente estoy pidiendo un imposible. Cuando los que nos escuchan no han dado nunca ese sí, cuando no saben nada de quien es quien les hace la invitación, es como si quisiéramos hacer una casa y decidimos comenzar por el tejado, no es que los cimientos estén mal hechos, es que no hay cimientos, lo cual es una idea delirante.

¡FELIZ CUARESMA!

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