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Delitos de odio

Odio

Fotografía: fedewild (Creative Commons)

Las conductas violentas contra sus semejantes son una evidencia desde que existe la especie homo sapiens. En la Biblia, por ejemplo, aparecen cuando solo había cuatro habitantes sobre la tierra. En el siglo XVII el filósofo Thomas Hobbes popularizó esta creencia recuperando la frase clásica “el hombre es un lobo para el hombre” y todo lo que eso significa. Sin mucho esfuerzo podemos encontrar novelas, películas, ensayos, poesías, canciones, artículos… que tratan sobre esta realidad.

A mediados de marzo, los medios de comunicación se hicieron eco de la publicación por parte del Ministerio de Interior, del segundo informe sobre de los datos de los delitos de odio producidos en nuestro país a lo largo del año 2014. En total se presentan como tales un total de 1285 conductas violentas (casi un diez por ciento más que las que aparecían el año anterior).

El 40 por ciento de esos delitos (513) están relacionados con la orientación sexual de las víctimas. Muy de cerca lo siguen (419) los que están relacionados con el racismo y la xenofobia, es decir, todo lo que tenga que ver con la raza, el color o el origen nacional del que la sufre.

Con un número un poco menor (199), pero yo diría que más vergonzosos, están los delitos cometidos por la discapacidad que sufren las victimas; 63 contra las creencias o prácticas religiosas; 24 los delitos antisemitas (odio a los judíos); y 11 los relacionados con la aporofobia (rechazo a la pobreza), o sea agredir al pobre por el mero hecho de serlo.

Lo peor, es que hay que tener en cuenta, que estos números representan a los delitos conocidos porque ha habido denuncias de los mismos, ¿cuántos son los casos que no se denuncian?, seguro que muchos más, ¿conoces alguno?, me temo que sí, ¿te atreves a hacer algo para que no sucedan?

¿Qué podemos hacer? Fomentemos en la educación de los más pequeños aquellos valores que favorezcan el encuentro, el diálogo y la aceptación sin condiciones del que no piensa igual que nosotros. Procuremos que los jóvenes vean en los mayores modelos de conducta adecuados, y favorezcamos lo que promueva el respeto hacia todos.

Me gustaría pensar como el autor del prologo de un libro de un poeta asturiano actual que dice que “la maldad no tiene futuro”, pero los hechos se empeñan en demostrarte todo lo contrario.