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Don Nico

Cruz

Fotografía: John Wright (Creative Commons)

El siete de septiembre, vísperas de la fiesta de la Virgen de Guadalupe, patrona de Extremadura, murió Don Nicolás García, siempre lo conocí como Don Nico, aunque el nombre por el que era conocido por todos los que vivieron cerca de él, era “Padre”. Quizá el nombre “abba”, y lo que significa le hubiera venido mejor.

A lo largo de los últimos sesenta años ha habido padres espirituales de categoría en nuestro Seminario Diocesano, pero cuando el curso 1977-78 llegó Don Nico formando parte del nuevo equipo de formadores, para algunos supuso una sorpresa, sus modos de dirección espiritual, la cercanía, el afecto, la sinceridad, el realismo, la seriedad en el acompañamiento y su amor a la Diócesis, nos abrían nuevas perspectivas en esta dimensión de la formación de los aspirantes al sacerdocio.

El amor a la Diócesis, que acabo de citar, le hizo vivir una disponibilidad tal que llamaba la atención de todos. Que había que ir los fines de semana a los sitios más lejanos de la Diócesis, Cedillo y alrededores o a Casares de Hurdes y alquerías, allí estaba él para asumir lo que fuera, cogía su 127 y a hacer kilómetros. Que el mes de agosto (en julio había estado de campamentos con los seminaristas en la finca Maside de Aldeanueva del Camino) había que quedarse en el Obispado o atender alguna parroquia de la ciudad, allí estaba él con la sonrisa de siempre dispuesto a hacer lo que fuera.

Los tres últimos obispos, uno ya no puede, pero los otros dos sí, podrán contar y no parar sobre la presencia de Don Nico cuando se le necesitaba, el acompañamiento a Don Jesús en los últimos meses de su vida, las consultas y la presencia al lado de Don Ciriaco cuando lo necesitaba, el consejo, el apoyo y la buena palabra en cada momento. Don Francisco ya lo ha cogido en claro descenso en su actividad, pero seguro que también podría decir muchas cosas de él.

La cantidad de seminaristas que han pasado por nuestro seminario desde su llegada, también podrían contar muchas cosas, quizá de lo que todos se acuerden es de las horas pasadas en el jardín, entre flores, plantas y proyectos para mejorar el aspecto de la entrada al edificio del Seminario. Sus palabras en la oración de la mañana, cuando más de uno todavía parecía que estaba entre las sábanas o el examen de por la noche fueron también momentos destacados.

Descansa en paz Don Nico y que tu espíritu ilumine nuestro trabajo sacerdotal.


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