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Dos cosillas y una tragedia

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Una: El CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas) publica todos los meses el resultado de sus encuestas, en la del mes de noviembre las preguntas sobre religión (que siempre son las mismas) dieron los siguientes resultados: se consideran católicos el 70,4% de los españoles (72,4% hace un año), no está mal, si somos 40 millones, 28 se considerarían católicos. Pero al ser preguntados sobre su práctica religiosa solo el 13,4% (12,4% hace un año) responde que asiste a misa casi todos los domingos y festivos, o sea que de los 28 millones, considerando practicantes a los que responden afirmativamente a la segunda pregunta, tres millones y medio lo serían.

Dos: Del 18 al 22 de noviembre se celebrará en Madrid la 102 reunión plenaria de la Conferencia Episcopal Española. Podría ser una reunión más, pero no, en ella se va a elegir al secretario de la misma (en la reunión de marzo de 2014, Rouco termina su mandato y habrá que elegir nuevo presidente), cargo importante porque es la voz de los obispos. Lo significativo de la elección es que en muchos sectores se piensa que los nuevos cargos se verán sin duda influenciados por los renovados aires que vienen de Roma, incluso se escucha que algún grupo de obispos estaría pensando en una mujer para el cargo, no estaría mal, pero veremos lo que pasa.

Y la tragedia. En las reuniones donde se toman las decisiones sobre el tan discutido cambio climático, las naciones más ricas, demostrando un cinismo impresionante, retrasan la toma de decisiones importantes a años vista, mirando únicamente los intereses de sus economías particulares. Y así nos va. Acabamos de tener noticias de una nueva catástrofe natural, esta vez en Filipinas, el tifón “Yolanda”, el mayor por su fuerza destructora en toda la historia, se ha llevado por delante medio país, 10.000 muertos y más de 10 millones de afectados, son las primeras cifras que aparecen en la prensa. Lo doloroso del tema es que ya se sabía lo que iba a pasar.

Hay algo que no encaja, las mismas naciones que se niegan a tomar medidas, son ahora las que se vuelcan a la hora de mandar sus donaciones generosas cuando antes no han hecho lo que debían para prevenir estas respuestas de la naturaleza. Ojalá la ayuda que van a recibir, que es necesaria y que estoy seguro será mucha, llegue a los que tienen que llegar y no se pierda por el camino.

Antes de que esto sucediera, 123 misioneros católicos españoles trabajaban en la zona, y allí seguirán y, lo que es más importante, continuarán allí cuando lo sucedido ya no sea noticia. Hay mucho que aprender de esta actitud, que decide entregarse y darse a los pobres siempre y no “a cachos y a ratos”, lo cual es casi como no hacer nada.


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