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El Seminario de la carretera de Trujillo

Seminario de Cáceres

Hablar del Seminario siempre produce un mí una especie de sensación distinta a cuando trato de cualquier otro tema. Han sido tantos los años pasados en esta institución, primero como alumno y después como formador que en algo se tiene que notar.

Desde Galarza hasta Don Manuel Llopis son más de cuatro siglos de historia, todos ellos jalonados de acontecimientos, sucesos y decisiones que dan para escribir no solo mucho, sino mucho e interesante.

La vida del seminario de cada diócesis, puede ser muy claramente el reflejo de la realidad eclesial de cada una de ellas. La situación del nuestro, desde los años ochenta del siglo pasado hasta ahora ha cambiado tanto, que el seminario de hoy no tiene nada que ver con el que se vivió en las dos últimas décadas del XX. Y no me refiero a la realidad del seminario edificio, cuya mejora ha sido espectacular, todos los que hemos pasado por allí recordamos el frio de los inviernos que iban de los Santos a San José, y las peripecias de unos y otros para calentar la habitación, los plomos pueden dar razón de lo que digo.

Los seminaristas del mayor de ahora tampoco tienen nada que ver con los de entonces, y no lo digo porque sean mejores o peores, sino por la procedencia de los mismos: Sierra de Gata, Montánchez, Montehermoso, Granadilla, Cáceres, Hurdes, Arroyo, Coria, Alcántara… casi todos los arciprestazgos estaban representados, con algún que otro de otras diócesis que se nos añadía.

Y ¿si miramos al futuro? ¿Qué nos espera?, El Papa Francisco ha iniciado el proceso para que los seminarios de España que no cuenten con un determinado número de alumnos deban de unirse con otros, con los de su Provincia Eclesiástica si es posible. La cosa va en serio porque en el plazo de tres años (ya ha empezado la cuenta atrás) hay que encontrar una solución.

Don Jesús y el equipo de formadores, apoyados mayoritariamente por el clero, optaron por la permanencia del Seminario en la Diócesis. Las otras dos no lo han hecho así, los seminaristas estudian en Salamanca. Por el momento la institución se mantiene, pero el reto del proceso iniciado está latente en su funcionamiento.

Un recuerdo para todos los que de una u otra manera han pasado por este edificio, para todos los que aportaron todo lo bueno que tenían para que el mismo fuera una realidad. A todos ellos eterno agradecimiento.

¡Feliz Cuaresma!