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¡Fuera muros!

Muro de Berlín

Fotografía: _guu_ (Creative Commons)

Amanecer del 13 de agosto de 1961, los ciudadanos de a pié, la gente corriente de Berlín no daban crédito a lo que estaban viendo, se estaba comenzando a levantar un muro que dividía la ciudad en dos. Cuarenta y cinco kilómetros de una pared infranqueable y otros 115 para aislarlos del resto de la llamada República Democrática Alemana. De la noche a mañana y sin saber por qué: numerosas familias iban a quedar divididas, se iban a echar por tierra proyectos y a destruir ilusiones utilizando únicamente la fuerza y la imposición. Los que hicieron la obra sí tenían sus razones pero no merecen ningún comentario.

La libertad, el don más preciado de las personas quedó cercenado por los nuevos guardianes que iban a decidir lo que está bien y lo que está mal, y lo que se podía o no se podía hacer.

El muro de la vergüenza sobrevivió hasta el 19 de noviembre de 1989. Aunque las cifras varían, alrededor de doscientas personas morirían en el intento de salvar el obstáculo que les impedía ser libres.

Al “celebrarse” el 25 aniversario de la caída de esta sin razón, la ocasión se ha aprovechado para pedir que cosas así no vuelvan a repetirse, donde había cemento se han puesto flores, y se ha invitado a todos a ser más creadores de puentes que de muros en las relaciones entre las personas y las naciones. Menos fronteras y más capacidad de diálogo y de entendimiento. ¡Fuera! la hipocresía de escudarse en razones poco claras y que lo único que consiguen es el sufrimiento y el dolor de los más vulnerables.

Posiblemente no volvamos a construir muros como aquel (alguno creo que si existe), pero podemos estar elaborando leyes que son muros que impiden el libre movimiento de personas. Las razones que mueven a la insensibilidad, parecen tan “razonables” que nos pueden convencer de la necesidad de las mismas.

Aumentemos nuestro deseo de saber, de estar al día, de conocer cuanto más mejor lo que pasa; agudicemos nuestro espíritu crítico e intentemos ser más asertivos para que no nos convenzan de lo que no es cierto.