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¡Grande Francisco!

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Fotografía: Aleteia (Creative Commons)

Seguro que os habréis sentido bien, diría más, muy bien, cuando hace un par semanas habéis visto en todo los medios de comunicación al papa Francisco trabajando duro por algo que debe hacer toda persona religiosa, y por supuesto, todo aquel que intente hacer realidad en su vida el evangelio (buena noticia) de Jesús.

Su viaje, cargado de actos simbólicos y de valientes denuncias, a la cuna de la religión cristiana, y consiguiendo que los máximos dirigentes de dos pueblos enemigos aceptaran reunirse en el Vaticano para rezar por la paz, ha sido algo espectacular.

Simón Peres y Mahmud Abbas con Francisco en el centro, apareciendo en todos los medios de comunicación del mundo, han sido la imagen del trabajo y la dedicación por construir la paz y lo han hecho ¡rezando! Un rabino (judío), un sacerdote (cristiano-católico) y un imán (musulmán) dirigieron sus rezos por el entendimiento y el diálogo, lo hicieron uno después de otro, pero juntos. ¿Quién puede decir que el acto fuera solamente una ceremonia religiosa? No sabemos si se conseguirá algo del encuentro, quizá esté condenado al fracaso, pero el gesto está ahí y su valor es incalculable.

El papa Francisco está haciendo lo que él pidió a los jóvenes reunidos en Río de Janeiro hace un par de años, que no es otra cosa que “armar lío”. El buen hacer de Francisco, aderezado con la sutileza de la diplomacia vaticana, han logrado algo que muy pocos han conseguido: que dos enemigos se sienten uno al lado del otro, recen y hablen de paz.

Si las religiones no son capaces de ser sembradoras de paz entre las personas y los pueblos, no son religiones ni son nada, son más reflejo de los intereses corruptos de algunos que sirviéndose de ellas fomentan el enfrentamiento, la violencia y la muerte de inocentes para conseguir sus propósitos, y estos casi siempre tienen que ver con el dinero, el poder y los privilegios particulares.

Por eso gestos como este dignifican y conceden valor al sentimiento, a la vivencia religiosa y a aquellos que los promueven. Todas las religiones deben olvidar pretensiones poco claras para ser signos del trabajo en favor de la solidaridad entre todos, deben rechazar sin ambigüedad lo que signifique violencia y sufrimiento, y estar siempre al lado de los que menos tienen. De todo esto, los cristianos y los católicos más.

¡Grande FRANCISCO!


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