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La buena semilla

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Fotografía: Pablo Sierra (Creative Commons)

Quien no recuerda esos días de julio cuando la eras ya divididas entre los vecinos se llenaban de hacinas, la trilla y las yuntas preparadas, las parvas eran una invitación para el juego de los niños y el enfado de los amos, los “muelos” dispuestos para que el “liendro” o la máquina de limpiar separara la paja del trigo y las fanegas vaciándose en los caballetes de las casas. Este tiempo veraniego hace que nuestra memoria y nuestro recuerdo se deleite todavía con esas imágenes. ¡¡Bien por la memoria y por la historia!!

La sementera, los porcentajes a la hora de la recogida del fruto son imágenes muy utilizadas por poetas, escritores, comentaristas, porque todas las personas de buena voluntad intentamos sembrar. Intentamos sembrar para lograr buenos frutos para nosotros y para los que viven junto a nosotros, no queremos tener la sensación de dejar a nuestro paso esa “tierra quemada”, reflejo de destrucción, de odio y de desconfianza.

Es una realidad donde hay tanta desconfianza ante aquello que pueda hacer alusión a lo religioso, hace que los que lo somos, nos sentimos desconcertados. Hablas con cierta persona, todo va bien, pero si nombras la religión, todo cambia. ¿Por qué?, no digo que nos se hayan dado razones para que la gente pueda reaccionar así, pero ¿eso justifica esa actitud, no de desconfianza, sino de rechazo frontal, a todo lo que se intuya que tiene alguna relación con lo religioso? Me huele que hay muchos prejuicios y lo que es peor prejuicios interesados.

Hace unos días un compañero que trabaja en ambientes universitarios me decía que a una alumna que había situado su diseño de trabajo de fin de curso en la realidad de un colegio religioso, el profesor, de buenas maneras pero sin aportar razones, le sugirió que cambiara, mejor sería que lo situara en un colegio público.

La persona religiosa sabe que su labor es sembrar pero tiene que sembrar semilla de calidad, con denominación de origen, nada de transgénicos o sucedáneos, y esa buena semilla tiene como elementos esenciales el respeto, la coherencia y la aceptación de diversidad.

¡¡Feliz verano!!