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La diócesis pasa la ITV

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Las visitas de los obispos diocesanos a Roma no es que sean muchas, pero tampoco son raras. La de los últimos días ha sido especial porque don Francisco ha estado en la ciudad eterna del 24 de febrero al 3 de marzo y no ha ido solo, sino que han ido todos los obispos españoles.

San Pablo en la carta a los Gálatas refiere sus dos visitas a Jerusalén para conocer a Pedro y dar cuenta de la misión que estaba realizando, algunos colocan en estos textos el origen de esta visita a partir del siglo IV, donde se consolida y queda regulada desde el siglo XVI en el Código de Derecho Canónico que establece que se debe hacer cada cinco años.

La “Visita ad limina apostolorum” es el viaje que los obispos del mundo hacen a Roma para visitar la tumbas de San Pedro y San Pablo y dar cuentas al Santo Padre de la marcha de su diócesis. Cómo es lógico el informe se envía con antelación y en él se recoge todo lo relacionado con la marcha de la parcela del pueblo de Dios que tienen encomendada: nombres, datos, estadísticas, números; me imagino unos más sensibles y delicados que otros. Al ser informes verdaderamente exhaustivos, los archivos vaticanos deben ser, son de hecho, una fuente de riqueza documental extraordinaria.

Lo más importante de la visita es sin duda su valor simbólico, ya que manifiesta la unión del obispo, y por lo tanto de su diócesis, con la cabeza de la Iglesia. Unión en la fe, en los sacramentos y en el trabajo pastoral. Dicha visita reafirma la comunión de todos los obispos con el sucesor de Pedro.

El Concilio Vaticano II puso en valor la importancia de las Iglesias locales, los teólogos conciliares, para salvar objeciones, trabajaron duro en este sentido; el nacimiento de las conferencias episcopales fue uno de sus logros más importantes, pues reconocía la autonomía de las Iglesias particulares a la hora de la planificación de toda la actividad pastoral.

El papa Francisco está estableciendo un nuevo método de trabajo basado en la colegialidad, las diócesis no son meras sucursales de Roma, sino que quiere que las mismas, y por lo tanto los obispos, sean protagonistas a la hora de hacer realidad el mensaje del Padre misericordioso en todas sus actuaciones. Deberán, por lo tanto, trabajar para que las estructuras (dichosas estructuras) no apaguen la fuerza de ese amor que tiene que llegar a todos.

Esta manera de trabajar debe hacerse realidad también en las parroquias, donde el sacerdote tiene su misión, pero también la tienen los seglares, como parte activa del Pueblo de Dios, y donde ese amor tiene que notarse de una forma más viva, pues estamos rozando con los destinatarios del mismo.


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