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La fibra óptica de Dios

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En la actualidad en todos los seminarios de España hay unos mil trescientos seminaristas mayores, ¿son muchos o pocos?, no lo sé, son los que son. El problema del número siempre se dice que no es importante, pero te sientes mejor con uno más que con uno menos, y en la relación de diócesis siempre aparecen destacadas con cierta intención (¿mala o buena?) las que tienen más. El problema de las vocaciones es una de las grandes preocupaciones de la Iglesia, no de ahora, sino de siempre. Tenemos claro que Dios no se olvida de llamar, Él llama siempre, porque siempre hay corazones de personas dispuestos a escuchar, pero lo hace con una longitud de onda muy particular, y en determinadas épocas no se sintoniza demasiado bien, hay muchas interferencias, o se prefiere escuchar otras músicas y otros contenidos.

La llamada lleva consigo una serie de exigencias que hace que muchos se descarten nada más escuchar las primeras comunicaciones. Pero, y en época de escasez es un problema muy delicado, otros creen que oyen cosas, se sienten llamados, pero no es Dios quien les llama, sino que son ellos mismos, son sus propios complejos los que les hacen sentir alucinaciones, y aquí es donde debe entrar el discernimiento imprescindible por parte de la Iglesia, para saber distinguir la paja del grano. Y luego están los que sin creerse merecedores de nada, sienten la llamada, la viven como un compromiso personal, y como una misión en la que están en un lugar preferente y destacado los destinatarios, no hay vocación sin misión.

En estos tiempos de increencia, de pluralidad ideológica y de desprestigio social de lo religioso, los llamados tienen que tener un temple especial, temple, donde tenga cabida la profundidad de la opción que te hace estar seguro de lo que crees; la capacidad para relacionarte y saber convivir con otros que creen en cosas distintas a las tuyas de las que también están convencidos y que no quieren cambiar; y el saber aceptar el silencio y la falta de reconocimiento a lo que haces.

Tenemos que mirar siempre hacia adelante, no cabe volver la cabeza, no vale pensar en otros tiempos, la llamada de Dios no utiliza ya los medios del pasado sino que se produce utilizando los avances técnicos del siglo XXI. Prepara, por tanto, tus receptores para que capten como es debido su mensaje.


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