iglesia-9-d

La Iglesia mira al futuro

iglesia-9

Fuente: Vida Nueva

Del 7 al 29 de octubre, la Iglesia ha celebrado en Roma la XIII Asamblea General del Sínodo de Obispos. Una vez más, como a lo largo de toda su historia, se dispone a vivir una experiencia de oración, escucha y comunión afectiva y efectiva, esencia misma de la fe que brota del encuentro con Jesucristo. Se reúne para preguntarse cómo se vive hoy su originaria vocación evangelizadora frente a los desafíos de una nueva época. Al mismo tiempo se pone en marcha el Año de la fe y se conmemoran los cincuenta años de la apertura del Concilio Vaticano II.

El texto que sirve de trabajo para los obispos es para muchos la reflexión más completa hecha por un documento vaticano sobre la nueva evangelización, en dicho texto, no se esconde que el desafío que comporta, no sólo está referido a las enormes transformaciones en el mundo y la cultura, sino que toca también de lleno a la Iglesia, a sus comunidades, a sus acciones y a su identidad.

Ayudados por la enseñanza conciliar y el magisterio de Juan Pablo II, se trata de interrogarnos, de sentirnos interpelados por transformaciones sociales y culturales que están modificando profundamente la percepción que el hombre tiene de sí mismo y del mundo, generando repercusiones también sobre su modo de creer en Dios.

Se trata de mirar a las personas y al mensaje de Jesús, que llevan al hombre a una experiencia de conversión. Él acogió a todos sin discriminaciones. La Iglesia no está encerrada en sí misma y adquiere todo su significado cuando se transforma en testimonio y acción evangelizadora. Tocará a la reflexión sinodal hurgar de qué modo esas realidades están presentes y nutren hoy la vida de las comunidades. E indagar, también, por qué no pocas veces esos testimonios no logran comunicar hoy su calidad evangélica a los hombres de nuestro tiempo.

Desentrañar esas dificultades, descubrir las razones profundas de los límites con los que tropiezan instituciones y estructuras eclesiales para dotar de credibilidad a las propias acciones y al propio testimonio, servirá para mostrar el alcance de la revisión que se propone. Desde sus orígenes, la Iglesia ha caminado con la experiencia del pecado de sus miembros. Necesita siempre ser evangelizada.

La transmisión de la fe, el encuentro personal con Jesús, no es una empresa individualista, sino un evento comunitario. No se trata entonces de una búsqueda de estrategias eficaces, sino de un cuestionamiento de la Iglesia sobre sí misma.

Esto pone a pensar a toda la Iglesia. Los temas que se llevan al encuentro sinodal piden que se verifique “si las infecundidades de la evangelización, en particular de la catequesis, son un problema sobre todo eclesiológico y espiritual”. Las demandas y las expectativas se corresponden con el tono de preocupación recogido en las diferentes realidades eclesiales, incluso en aquellas que reconocen signos de esperanza que demuestran que es realmente posible vivir hoy la fe cristiana y anunciarla. Con matices, prevalece la impresión de que muchas comunidades cristianas no han percibido aun plenamente la magnitud del desafío y la entidad de la crisis provocada por el clima cultural imperante también dentro de la Iglesia.

Hace cinco años, la Iglesia de Hispanoamérica y el Caribe, puso en marcha una evangelización radicalmente misionera y, hoy, a la luz del texto sobre el que trabajará el Sínodo, se apresta a intercambiar sus reflexiones y compartir sus dones y los acentos propios de su vida pastoral, como la opción preferencial por los pobres o la piedad popular.

En sucesivos números daremos cuenta de lo acontecido en este evento tan trascendente para la vida de la Iglesia.


Volver a arriba