mateo-6-8-d

La Inmaculada

mateo-6-8

El 8 de diciembre de 1854 la bula Ineffabilis Deus de Pio IX lo declaraba Dogma de fe; el 6 de marzo de 1895, el rector, con la firma de todo el claustro de profesores y el asentimiento de los seminaristas, pide al obispo Peris Mencheta que el seminario de Coria pasara de denominarse Seminario Conciliar de San Pedro Apóstol a llamarse Seminario Conciliar de San Pedro Apóstol y María Inmaculada. La súplica se fundamenta en que en sus cátedras se ha defendido y enseñado desde antiguo este misterio; que en la diócesis se celebra esta fiesta desde 1370, usando ornamentos azules; que en los misales de 1485 y 1530 aparece como fiesta solemne con octava y misa propia, y alguna que otra razón más.

El 25 de marzo de ese mismo año responde el obispo de forma afirmativa y alabando la petición. Desde entonces el día de la Inmaculada fue el día del seminario. Y vaya día. A cualquier sacerdote diocesano de más de sesenta (y un poco menos) que le preguntes te podrá contar maravillas de lo que pasaba en el edificio en los días anteriores a esa fecha.

Estuve solo dos cursos en Coria, los años 67 y 68, pero el día de la Inmaculada era espectacular. Se preparaba con antelación, los superiores elegían de cada curso a los encargados de la fiesta, y una semana antes ya se olía a pólvora. Me imagino que el origen valenciano del obispo tuvo algo que ver en el asunto, pero el día 7 por la noche, aquello era un caos de humo, petardos, tracas, fuegos artificiales, carretillas y demostraciones pirotécnicas en el patio de salida para la Isla. Algún que otro percance hubo, que sacerdotes pueden contar, pero la fiesta no decayó. Junto a esto las celebraciones religiosas también muy preparadas: novena, celebración del día, pero en mi mente lo que perdura es la fiesta de la víspera. Creo que también había veladas literarias pero eso no lo conocí.

En el año 70, el seminario se traslada a Cáceres y ya no fue lo mismo, los inevitables partidos de fútbol, el chocolate con churros de por las mañanas, la comida especial y el poder ir al cine Coliseum por la tarde, pasaron a ser lo más significativo.

Un duro golpe para la fiesta fue el hecho de que la Conferencia Episcopal nombrara a San José patrono de los seminarios de España, esto hizo que los seminarios en los que siempre el ocho de diciembre coincidían patrona y día del seminario ya no supieron a qué carta quedarse y, al final, aunque la fiesta de la Inmaculada se mantenga como patrona, el de San José pasó a ser la del Día del Seminario.

Los tiempos cambian pero las vivencias importantes permanecen.

¡Feliz adviento!


Volver a arriba