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La Navidad (II)

Portal de Belén

La semana pasada, dimos una serie de pinceladas históricas sobre una de las manifestaciones más populares de estas fiestas: la aparición del “Belén” como forma de representación de lo que se celebra estos días.

Esta realidad queda claramente reconocida en el hecho de que el Consejo de Ministros a propuestas del Ministerio de Cultura y Deportes declarara (hace poco más de un año) el Belenismo como manifestación representativa del patrimonio cultural inmaterial, destacando entre sus valores la trasmisión del conocimiento de la cultura popular, contribuyendo a revalorizar oficios artesanales y potenciar los usos de la tradición.

El Real Decreto supone una protección de esta práctica, así como un reconocimiento y una salvaguardia de la misma. Textualmente dice “el belenismo trasciende lo estrictamente religioso para encuadrarse en una dimensión cultural, convirtiéndose así en una hecho sociológico, es muestra de una identidad colectiva, presente prácticamente en toda España”.

Este reconocimiento está muy bien, pero permitidme que os diga, que por lo menos, los dibujos de las catacumbas y las representaciones del santo Asís, no creo que intentaran algo mas allá de los estrictamente religioso ¿o sí?, ¿Qué os parece? ¿Nos opondremos a que las catedrales se conviertan en museos, y las iglesias en lugares de visita imprescindible de turistas? Pues creo que no. Pero una cosa esto y otra hacer desaparecer el sentido original de la creación artística. Sé que es un tema complejo, pero no podemos ser ambiguos en el tratamiento del mismo.

El sacerdote de cualquiera de nuestros pueblos, que llegado el adviento coloca el nacimiento en su parroquia, no lo hace como primera intención para que la tradición no se pierda, sino porque sabe que es una catequesis vivencial para sus feligreses.

En el belén podrán aparecer más o menos figuras, pero todos sabemos cuáles son las importantes y cuales las que no lo son tanto: habrá pastores, lavanderas, panaderos, bueyes, burros, molineros, pajes, reyes magos, camellos, desierto, oasis… y todo lo que te puedas imaginar, pero todos sabemos que lo decisivo es lo que sucede en un sitio: en el portal.

No le demos vueltas, si lo tenemos muy fácil, fíjate en cualquier belén y observa hacia donde confluyen todos los caminos y hacia donde se dirigen todos los que forman parte de él, todos tienen claro dónde van y qué es lo que quieren: conocer a María, José y al Niño.

No os despistéis, os deseo que en esta Navidad todos hagáis los mismo que ellos.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

PD. Volvemos la semana después de Reyes.