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La piedra de molino

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A pesar de las dificultades a la hora de terminar la fecha de redacción de los evangelios, todo los críticos aceptan que el de Juan fue el último en escribirse, llegándose a colocar su fecha de redacción alrededor del año 90. Bien, pues, es en este evangelio donde únicamente aparece el discurso de Jesús sobre la unidad, en concreto todo el capítulo 17 del mismo está dedicado a este asunto. Por esa fecha la doctrina de Jesús está ya extendida por toda la costa mediterránea, y comienzan a aparecer los de Apolo, los de Cefas y demás, por lo que Juan está presintiendo ya el problema.

Y vaya si lo presintió. El Cisma de Oriente (ortodoxos) en el siglo XI y la Reforma del XVI (protestantes), han sido la demostración de este presagio. El asunto se hace más doloroso porque esa falta de unidad se da entre los mismos cristianos, es decir, para todos el centro de nuestra fe es Jesús, pero diferimos sustancialmente a la hora de llevar esto a la práctica.

Serán los estudiosos de la Historia de la Iglesia los que tendrán que analizar las razones de la aparición y sobre todo la profundización de estas divisiones. Ellos deberán explicarnos de una forma imparcial los porqués históricos de esta realidad tan poco edificante.

Es verdad que ya se superaron todas las reacciones violentas como las que se vivieron al comienzo de los cismas. Las condenas han desaparecido (el mandar al infierno no era, ni es la solución). La intransigencia tampoco es el estilo. Se ha ganado mucho en respeto y cada vez más en diálogo. Se organizan cosas en común, se reza juntos y las mesas redondas no son raras. Pero los pasos que se dan no son todavía significativos, la división doctrinal es profunda y están presentes todavía los recelos, queda mucho por hacer.

El que el día 25 de enero, fiesta de la Conversión de San Pablo, termine el Octavario de Oración por la unidad, es muy buena idea; Pablo, el que tenía clarísimo que la Buena Noticia era para todos, trabajó y sufrió mucho por conseguir la unidad. Sabía que era una de las claves para ser más convincentes.

Esta realidad eminentemente eclesial es un reto para los que pueden hacer más. Todos los pasos que se den siempre serán buenos, pero no sé cuántos están dispuestos a comenzar el diálogo con el folio en blanco; como en ese folio haya ya escritas muchas “verdades” que se consideren innegociables, poco lograremos.

El talante, como he dicho, es totalmente distinto, eso está claro, ahora harían falta otras cosas para que los avances se produzcan.


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