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Los cristianos laicos, Iglesia en el mundo (I)

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Fuente: Conferencia Episcopal Española

En el año 1991, la Conferencia Episcopal Española publicó un documento con el título de este artículo que ha sido y es referente para valorar la acción de los laicos en la Iglesia. Publicamos algunas de sus afirmaciones.

Para impulsar una nueva evangelización, avivar y renovar la vida de nuestras comunidades y promover la evangelización misionera, es preciso que se reconozca efectivamente la dignidad y responsabilidad de los laicos y se promueva su participación en la Iglesia y en la sociedad civil. Los propios laicos han de tomar conciencia de la gloria y de la cruz de la dignidad derivada del bautismo por el que son hechos Hijos de Dios, miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo, y han de asumir el compromiso de participar en la vida y misión de la Iglesia como miembros corresponsales según su peculiar dimensión secular.

Los cristianos laicos, por ser cristianos, miembros de la comunidad eclesial, han de participar activamente en la triple tarea evangelizadora: profética, litúrgica y caritativa-social. Como Iglesia en el mundo de la secularizad –familia, escuela, trabajo, descanso, medios de comunicación, política, marginación social…– han de confesar la fe y denunciar las injusticias; ofrecerse a sí mismo y su actividad; servir al Reino de Dios promoviendo la dignidad de la persona, la justicia, la verdad, la paz y la solidaridad con los pobres…

Todos los miembros de la comunidad cristiana son responsables de la comunión y de la misión; sin contraposición. Todos y cada uno de los miembros de nuestras comunidades han de tomar conciencia de la urgente necesidad, más aún, de la misión y correspondiente responsabilidadde participar activamente en la única y común misión de la Iglesia. Todos, sin exclusión. Lo hace necesario la existencia de católicos no evangelizados –que no viven lo que creen o no comunican lo que viven–; creyentes alejados de la comunidad eclesial; y no creyentes en nuestra sociedad y en nuestros pueblos –países todos de misión–.

Es necesario que todos, especialmente los laicos, en este momento histórico vivan su participación en la vida de la Iglesia y en la sociedad civil, su conversión personal y el compromiso político-social, sin contraposición y sin dualismo: la conversión y la comunión anticipan el reino anunciado y, en el cumplimiento del reino, alcanzarán su plenitud.

Todos en la Iglesia, y las mujeres, “protagonistas en primera línea”, han de defender la dignidad de la mujer frente a toda forma de discriminación. Es preciso pasar del reconocimiento teórico de la dignidad y responsabilidad de la mujer en la Iglesia, al reconocimiento práctico. Las comunidades eclesiales, animadas ya por la participación de numerosas mujeres en tantos servicios, promoverán su participación sin discriminación, en los cauces de corresponsabilidad, en las consultas y tomas de decisiones, y se les confiarán asimismo, los adecuados ministerios laicales de acuerdo con las normas canónicas vigentes.

Reconociendo la diversidad e importancia del voluntariado en nuestras comunidades y la dimensión de gratuidad de todo auténtico servicio, hay que posibilitar, en los casos en que sea conveniente, que los laicos –hombres y mujeres– puedan dedicarse, total o parcialmente, a un servicio eclesial concreto con una remuneración digna.

Las Iglesias particulares impulsarán los organismos colegiales –consejos de pastoral, de asuntos económicos– según las disposiciones vigentes, como expresión y cauce de identidad y misión –comunidades corresponsales en la misión evangelizadora– y animarán la participación activa de los laicos, hombres y mujeres, individual o asociadamente, en consultas, deliberaciones, decisiones y puesta en práctica, siempre que lo requiera la materia.


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