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Los derechos de la infancia

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Fotografía: United Nations Photo (Creative Commons)

En el año 2015 se cumplen los 90 años de la Declaración de Ginebra de los Derechos del Niño (1924), los 55 de la Declaración de los Derechos del Niño de la ONU (1959) y los 25 de la Convención Internacional de los Derechos del Niño de Naciones Unidas (1989). Viendo o leyendo las noticias de a diario hay mucha diferencia entre lo que se aprueba y lo que se hace. Mucha declaración pero la realidad nos demuestra que nos queda mucho por hacer.

Hace pocos días se acaba de conceder el premio Nobel de la paz 2014, este premio que en algunas ocasiones ha recibido más de una crítica por aquellos a los que se concede, ha recaído este año en dos personas que deben ser dignas de admiración por parte de todos.

Lo van a recibir: Malala la niña paquistaní que a los quince años sufrió una atentado terrorista por defender los derechos de la mujer a asistir a la escuela y recibir formación. Y el indú Kailash SatYurth fundador de una organización que ha logrado salvar a decenas de miles de niños de aquellos que quieren enriquecerse con ellos. Kailash está trabajando duramente para que la legislación internacional prohíba el trabajo infantil. Pero ¿no estaba ya prohibido en la Declaraciones que citábamos? (el principio número nueve dice que “el niño debe estar protegido contra cualquier forma de abandono, crueldad o explotación”).

Uno que pasó por aquí hace más de noventa años ya se atrevió a decir aquello de “si alguno escandaliza a uno de estos pequeños más le valdría que le encajasen una rueda de molino al cuello y lo echaran al mar”, palabras muy duras por venir de quien venían, y que demuestran la gravedad de cualquier conducta que vaya destinada a hacer daño físico o psíquico a los más pequeños.

Apoyemos todas las iniciativas de personas o grupos que dedican su tiempo a sensibilizarnos sobre la importancia de temas como este.

Todo lo que acarre algún daño a la infancia no solo requiere un juicio moral, sino que son delitos que deben ser reparados y castigados. Desterremos de nosotros todos los prejuicios que intentan minimizar este tipo de acciones tan miserables.


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