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Lunes Santo

Banda del Humilladero

Fotografía: Freebird (Creative Commons)

En muchos pueblos extremeños hay un dicho popular que afirma que “cuando se mueven los santos, el tiempo se revuelve”, lo cierto es que después de un mes con el famoso anticiclón asentado en el oeste, ha sido comenzar a preparar andas, capirotes, túnicas, veleros… y comenzar a aparecer las nubes que nos han traído, la, por otra parte, tan necesaria lluvia.

Estamos en Lunes Santo y todo debe estar ya preparado para comenzar la gran catequesis callejera que suponen las procesiones por nuestra milenaria ciudad monumental. Las veintitrés estaciones que van a tener lugar a lo largo de siete días, llevan detrás una carga de sacrificio, de esfuerzo y de trabajo desinteresado que no siempre es valorado. Hay que pensar, organizar, planificar, para salir y llegar a la hora establecida, hay que decidir quién va primero y quién va segundo y todos deben saber lo que tienen que hacer.

A largo de estos días el tiempo no existe, lo mismo da que sean las once de la mañana, las doce de la noche, las siete de de la tarde o las tres de la madrugada, la hora es lo de menos, porque lo importante es que cada año, esa imagen, ese rostro, esa expresión o ese rictus, casi siempre de dolor, puedan ser contemplados o cantados, por los que lo viven de una forma especial.

El cambio, la evolución, la mejora, es algo que hay que tener en cuenta siempre y es un signo evidente de salud mental. En todo, y en esto también, no perder el norte en lo que se hace es fundamental, no todo vale, lo que sucede es que el sentimiento a flor de piel, la emoción visceral, es algo consustancial a esta realidad y contra eso no hay nada que hacer, porque sale de lo más profundo de la realidad humana.

Alguien poco sospechoso manifestaba todas estas cosas, de esta forma tan bonita, a través de su poesía: “Cristo que pasa / de lirio de Judea / a clavel de España”. O esto otro: “En mi vaso de luna redonda / ¡diminuta!, se ríe y tiembla / Pepín: ahora mismo en Sevill a / visten a la Macarena”.

Las empresas turísticas con sus campañas de “un verano en miniatura”, hechas con gran vista comercial, intentan aprovechar esta semana para otros fines, tan respetables como todos, pero la dimensión espiritual de lo que se vive estos días es algo invencible.


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