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No hay excusa

Pentecostés

Fotografía: Lawrence OP (Creative Commons)

Una vez pasada la fiesta de Pentecostés, ya no hay excusa, Jesús ha cumplido su última palabra, nos da su Espíritu, y por lo tanto no podemos argumentar cosas raras para escaquearnos de nuestras responsabilidades.

Podríamos pensar equivocadamente que el espíritu hará que ya no tengamos ningún problema, ¡por ahí no va el tema!, la promesa cumplida de Jesús no evitará las dificultades ni las cosas mal hechas, pero si nos dará lo que necesitemos para enfrentarnos a lo que pueda venir, y para que nos demos cuenta de lo equivocados que estamos en más de una ocasión.

Puede que lo ha haya dicho en alguna otra ocasión pero el recibir el espíritu de Jesús ha hecho que la Iglesia no se quede estancada a lo largo de la historia. El Espíritu llevo a Pablo y a Bernabé a enfrentarse a los apóstoles para quedar claro que la Buena Noticia no podía ser para unos pocos, o solo para los de una raza o clase, el espíritu no lo podrían detener las fronteras de Palestina, ¡no podía ser!, había que llegar a Atenas o a Roma y mas allá, y ¡vaya si llegaron! Roma y Atenas entonces era cono ahora Nueva York, o Moscú o Pekín.

Ese mismo Espíritu hizo que los grandes y pequeños reformadores de la Edad Medía se atrevieran a enfrentarse con los Papas, decirles lo mal que lo hacían y convencerlos de que otra Iglesia era posible y que había que reaccionar, había que ser más fieles al Evangelio.

Ese mismo espíritu ha hecho que los papas del siglo XX abran las ventanas del Vaticano para que entre el aire fresco de las mañanas de primavera, y no el contaminado de humos y malos olores.

Y ese mismo espíritu es el que mueve al Papa Francisco para que nos diga que nos tengamos miedo de afrontar los problemas que el mundo de hoy nos pone delante de los ojos. Que hay que formar una comisión para que estudie el papel de la mujer en la Iglesia, pues ¡fórmese! Y si un día las diaconisas tuvieron su lugar ¿Por qué ahora no?

Los siete dones que el espíritu representa deben dinamizar nuestra acción pastoral para que las conclusiones sinodales que ahora estamos buscando, se hagan realidad cuando las mismas sean asumidas por todos.

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