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Religión en la escuela

Bolígrafo y cuaderno

Fotografía: Jonathan Rubio H. (Creative Commons)

“Los poderes públicos garantizaran el derecho que asiste a los padres para que sus hijos reciban la formación religiosa y moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones”, artículo 27, número 3, de la Constitución de 1978. Se podrá decir más alto, pero más claro creo que no.

Pues la cosa no tiene que estar tan clara, porque a la hora de llevar a la práctica lo que literalmente se dice, las diferencias entre los partidos políticos son abismales. Unos defienden la presencia de la religión en la escuela (de cualquier confesión) como un derecho mas, evaluable y al mismo nivel que las otras asignaturas. Otros intentan y pretenden su arrinconamiento, o bien reduciéndola al mínimo de lo que la ley permite, o sacándola del horario lectivo. Y otros piden su desaparición sin más, ¡a dar catequesis a las sacristías!

Se que es un tema difícil, imposible de analizar en una columna como la nuestra. Pero si es necesario que el tema se conozca y se conozca en profundidad. La Iglesia cuando pide la presencia de la religión, como recoge la constitución, no es para adoctrinar a nadie, la doctrina, se imparte en las parroquias, núcleo básico de la vivencia de la fe, o en los grupos religiosos donde que cada uno pueda integrar.

Lo que se pretende, es que los padres que la escojan, tengan garantizado que sus hijos van a conocer lo que ha significado y significa la religión en la historia, no solo de nuestro país, sino en la historia de la humanidad. Tengan garantizado su deseo de que sus hijos, en un ambiente multicultural, como es la escuela, descubran que la religión es compatible con cualquier tipo de saber y tiene algo que aportar a la hora de enfrentarse a los grandes interrogantes del hombre; y todo esto, lo hace sin complejos, porque no quiere imponer nada, sino formar, para que el niño y después el joven decida lo que el crea más conveniente.

La figura del maestro o profesor de religión es clave para logar estos objetivos. Esto solo se consigue con mucha formación, y con una actitud de diálogo fundamental.

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