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San Basilio

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San Basilio de Cesarea (330-379), llamado Basilio el Magno fue obispo de Cesarea, y preeminente clérigo del siglo IV. Es santo de la Iglesia Ortodoxa y uno de los cuatro Padres de la Iglesia Griega, junto con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo. Es santo y doctor de la Iglesia Católica.

Basilio nació alrededor del año 330 en Cesarea, Capadocia (Turquia). Provenía de una familia acomodada y piadosa. Ávido de saber, se trasladó a Constantinopla. Vivió allí y en Atenas unos cuatro o cinco años. En este último lugar tuvo como compañero de estudios a Gregorio Nacianceno. Fue en Atenas donde comenzó a pensar seriamente en la religión y se decidió a buscar a los más famosos santos eremitas de Siria y Arabia para aprender de ellos el modo de alcanzar un estado de ferviente piedad y de mantener su cuerpo sometido mediante el ascetismo, lo que solía denominar “una vida filosófica”.

Fue ordenado sacerdote de la Iglesia de Cesarea en 365; su ordenación fue probablemente consecuencia de los ruegos de sus superiores eclesiásticos, que deseaban utilizar su talento contra los arrianos (negaban la divinidad de Jesús), ya que, en esa parte del país, eran numerosos y gozaban del favor del emperador arriano, Valente, que reinaba en esa época en Constantinopla.

En 370 muere Eusebio, obispo de Cesarea, y Basilio fue elegido para sustituirle. Para salvar a la Iglesia del arrianismo, Basilio inició contactos con Occidente, teniendo por aliado a Atanasio. Eran tiempos difíciles desde el punto de vista doctrinal, estaba tomando cuerpo el dogma de la Trinidad, y no había acuerdo entre los pensadores de la época, con el agravante de que si defendías algo que el emperador de turno no aceptaba te jugabas la vida.

Fue célebre predicador; se han conservado muchas de sus homilías. Algunos de sus escritos, como el dedicado contra la usura y el referido al hambre, del 368, resultan de valor para la historia de la moral. Sus incitaciones para que los jóvenes estudiaran literatura clásica, muestran que su propia educación tuvo una perdurable influencia sobre él, y que le enseñó a apreciar la importancia pedagógica de los clásicos.

No vivió para ver el final de las desafortunadas controversias entre facciones, y el éxito absoluto de sus esfuerzos para mediar entre Roma y Oriente. Sufrió una enfermedad del hígado, lo que le produjo una muerte prematura. Un perdurable monumento a su dedicación episcopal hacia los pobres fue el gran instituto ante las puertas de Cesarea que fue utilizado como casa para los pobres, hospital y hospicio (lo llamó «Basiliades» y se podría decir que fue el germen de los modernos hospitales para enfermos).


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