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Tenía que ser en Mérida

Luis Landero en la entrega de medallas del Día de Extremadura

Luis Landero en la entrega de medallas del Día de Extremadura (Canal Extremadura YouTube)

Al comienzo de los mismos, solía seguir el acto de la entrega de medallas del Día de Extremadura, me gustaba escuchar a los galardonados, pero poco a poco, tampoco sabría decir por qué, fui perdiendo la afición, y últimamente, solo los seguía cuando concedían alguna distinción a instituciones eclesiales o algún personaje religioso reconociendo su labor, quitando esos casos, ya no lo seguía en directo, sino leyendo los periódicos del día siguiente. Y así es como me enteré de lo sucedido.

Mira por donde, este año “saltó la liebre”, y se produjo algo que no podía imaginar. Seguro que los responsables de la Junta a la hora de supervisar a los invitados lo tenían todo bien atado, pero para bien, este año no ha sido así.

El encargado de dar el discurso en nombre de la ciudadanía extremeña era el reconocido escritor de Alburquerque, Luis Landero. Como he dicho antes, no se como habrán sido los de los años anteriores, pero estoy convencido de que lo que se ha dicho, y la forma de cómo se ha dicho, no se lo esperaba nadie, Don Guillermo, tampoco, seguro.

El discurso empezó como todos, recordando sus añorados años de infancia en el pueblo, nombrando a sus padres y reviviendo la sabiduría popular con el recuerdo de términos y palabras ya en desuso. Todo muy bien y como de costumbre. Pero la cosa cambió de dirección cuando empezó a hablar del tren.

Hablando en nombre de la ciudadanía, es verdad que era lógico que en el discurso del año 2022, tenia que hablar de este tema, si no habría dado la impresión, de que el bueno, y valiente Don Luis, no estaba en la realidad, o es como si viviera en otro planeta.

Pero hacerlo de la forma que lo hizo, y, sobre todo, acusando tan directamente a los políticos de aquí, utilizando las descalificaciones que usó, teniendo a esos políticos a pocos metros de él, era algo que no me podía creer. Imagino que los que me leéis tampoco, ¿o sí?

Los aplausos de los que lo escuchaban, empezaron a hacerse frecuentes cada vez que terminaba una frase, o hacia alguna pausa para respirar. El final ya fue apoteósico, aplausos, ¡bravos! Y todo el mundo de pie… menos los que ocupaban las primeras filas.

Parece que al día siguientes hubo algunas matizaciones, pero lo dicho ahí queda.

¡Buen curso para todos!