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Teresa de Cepeda y Ahumada

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Alonso Sánchez de Cepeda descendiente de judíos conversos y Beatriz de Ahumada de familia hidalga (“unos padres virtuosos y temerosos de Dios”), vecinos de Ávila, tienen una hija el 28 de marzo de 1515 a quien ponen el nombre de Teresa. Nueve hermanos y tres hermanas completan esta familia.

Eran “tiempos recios”, no solo en Castilla, el Renacimiento está arrinconando todo lo que había supuesto la Edad Media, Dios está dejando de ser el centro y su lugar lo va a ocupar el hombre. En este ambiente, esta mujer va a aparecer defendiendo que Dios existe, que se presenta como trascendente pero también como cercano y entrañable, que ella lo ha experimentado y que se puede dialogar con él a través de la oración.

Ser mujer, espiritual y amante de las letras no tenía que ser tarea fácil en el siglo XVI, y Teresa lo reclama para ella. Exigir esos derechos en la Iglesia de este siglo tampoco era algo sencillo. Debe sufrir la incomprensión de muchos eclesiásticos de entonces, pero a pesar de todo puede decir “al fin, Señor, soy hija de la Iglesia”.

En 1554 hay dos acontecimientos que marcan su vida: el encuentro y la contemplación de la figura de Cristo llagado y la lectura de las Confesiones de San Agustín. De este momento son sus famosas visiones y vivencias interiores que sus confesores atribuyen a una mente demasiado dispersa o a la acción del demonio. Ella piensa todo lo contrario que son de Dios por la paz interior que sentía.

En 1562 con la fundación del convento de San José se lanza a crear un nuevo estilo carmelita que recuperara el espíritu de los orígenes. Dieciséis conventos más llevaran a cabo su ideal de vida religiosa fundado en “la oración, la fraternidad, la alegría y el sentido de pertenencia a la Iglesia”. En 1568 junto con San Juan de la Cruz (¡vaya pareja!) funda los frailes carmelitas descalzos a los que quiere “fraternos, orantes, cultos y apostólicos”.

Si a la hora de proponer el ejemplo de los santos aceptamos la diferencia del mundo que ellos vivieron y la realidad del que a nosotros nos está tocando vivir, estaremos en el buen camino de aprender sus lecciones y de hacer no lo que ellos hicieron, sino lo que nosotros se nos exige hacer ahora.

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