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Vidas ejemplares (II)

San Juan Macías

“El emigrante que no volvió”

Ribera del Fresno es un pueblo extremeño de la comarca de Tierra de Barros, con una población de unos tres mil habitantes. Hasta el siglo XIX perteneció al Priorato de San Marcos de León, que era como si la actual provincia de León tuviera parte de su territorio en tierras extremeñas, ¡cosas de las órdenes militares! En la actualidad pertenece a la Archidiócesis de Merida-Badajoz. Entre las personas importantes que nacieron en la villa está el segundo personaje de nuestra lista.

Juan de Arcas Sánchez nació en el mes de marzo de 1585. Quedó huérfano a muy corta edad. Las tierras de pastoreo de la zona se llamaban “las Macías”, por lo cual el niño que debía dedicarse a estos menesteres, recibió este sobrenombre. Se le conoce también como Juan Pastorcillo.

Las historias de los viajeros que volvían de las Américas seguro que eran contadas en los corrillos de los jóvenes de la época, las buenas nuevas de las mismas llenarían la cabeza a más de uno y el revivir esas hazañas serían sus sueños incumplidos.

No sabemos las intenciones de nuestro Juan, pero lo cierto es que ayudado por un comerciante con el que trabajó se decide a marchar para no volver. Aunque recorre varios lugares, se instala en Perú, donde entra en contacto con los religiosos dominicos. Repite su oficio extremeño, es decir, dedicarse a cuidar ganado; de bondad natural, pronto es reconocido por la misma. A los 37 años entra como hermano lego en una de las casas de la orden dominicana. El cargo más destacado que tuvo a lo largo de su vida fue el de portero, no de fútbol, sino del convento.

Desde ese puesto tan relevante pudo llevar a la práctica lo que siempre quiso, hacerse pobre con los pobres. Lo poco que tenía lo repartía con los que tenían menos. Este fue su ideal dominicano.

Nuestro personaje donde quizá sea más conocido es en Olivenza, por el famoso “milagro del arroz”. En 1949 una de las trabajadoras de la institución “Hogar de Nazaret” paisana de Juan, se acordó de él, y el cereal que estaba a punto de acabarse, comenzó a multiplicarse de forma extraordinaria, siendo necesarios más recipientes para recogerlo. En 1974 este hecho milagroso fue reconocido por la Iglesia como tal.

Sí, estamos hablando de San Juan Macías, canonizado por Pablo VI en 1975.


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