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Domingo I de Cuaresma (B)

Jesús en el desierto

MARCOS 1, 12-15. En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto. Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían. Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía: «Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio».


El miércoles pasado, con el rito de la ceniza, se inauguraba la Cuaresma de este año 2015 y hoy es el primero de los cinco domingos que preceden a la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor. Tenemos por delante cinco semanas de este tiempo litúrgico especial que quiere prepararnos para una vivencia seria y profunda del misterio pascual de Jesucristo. Queremos prepararnos para unirnos con Jesús, el Señor, que muere y resucita por cada uno de nosotros. Nosotros también queremos morir con El, queremos crucificar con El toda esa vida vieja ya oxidada por el pecado, por las actitudes y pensamientos impropios de cristiano, y queremos renovarnos en la resurrección a una vida nueva según la enseñanza de Jesús, a una vida de gracia, según el ejemplo del Maestro.

El texto de la primera lectura hace referencia al diluvio universal, el apóstol Pedro en la segunda ve en el diluvio la imagen del bautismo, en el primer domingo de Cuaresma tiene que aparecer el Bautismo como el comienzo de nuestra historia de fe. El Bautismo nos introdujo en la Iglesia, nos hizo cristianos y seguidores comprometidos de Jesús. Por esto, el recorrido cuaresmal es memoria y también renovación del camino que iniciamos con nuestro bautismo, de aquí que en la Vigilia Pascual renovaremos nuestras promesas bautismales como elementos centrales de lo que significa nuestra condición de creyentes.

Y como lectura clásica del primer domingo de Cuaresma, tenemos el relato de las tentaciones de Jesús. Marcos es el más escueto de todos en la narración de este acontecimiento, no nos da detalles sobre en lo que consisten las mismas, como hacen Mateo o Lucas. En realidad a Marcos no le interesaban tanto estos detalles, sino poner mas atención en el comienzo de la actividad de Jesús, que se inicia en Galilea, cuando Juan ha sido detenido y sobre todo, transmitiéndonos las primeras palabras de Jesús “Se ha cumplido el tiempo: Convertíos y creed en el evangelio”. Justo las mismas palabras que nos dijeron al imponernos la ceniza el miércoles pasado. El comienzo del camino cuaresmal nos sitúa en el inicio de la predicación de Jesús, y nos invita a la conversión y a la fe en el mensaje que Jesús nos trae. Es decir, Marcos deja de lado los detalles de las tentaciones, para que nuestra atención se dirija hacia esta frase “Conviértete y cree en el Evangelio”. Esta es nuestra tarea a lo largo de este tiempo.

Las tentaciones que podemos tener para desviarnos del buen camino, pueden ser muchas y variadas, cada uno las sabe y las conoce, la mas común será la de dejar que pase el tiempo sin dejarnos interpelar. Que pasen los días, ya vendrá la Semana Santa, la Pascua y yo a seguir igual. Para el que quiera intentar superar esta tentación, la cuaresma le abre la posibilidad de renovar su vida, y esto no nos vendría nada mal. Contar con nuestra fragilidad en el camino de la conversión no quiere decir que vivamos con una baja autoestima, al contrario, significa que debemos ser lucidos a la hora de reconocer nuestra situación sin complejos y a la hora de buscar las fuerzas que necesitamos para superarnos.

La Cuaresma del 2015 es por lo tanto, un nuevo tiempo de gracia que nos ofrece el Señor para seguir descubriéndolo en nuestra historia y en nuestros acontecimientos, un tiempo especial en el que intentamos ser un poco más consecuentes con nuestra fe. Este año, el Papa Francisco, ha escogido como lema para la misma “fortaleced vuestros corazones” fortalezcamos el corazón para hacerlo fuerte ante la dificultad, ante los problemas, ante las carencias, tanto nuestras como de los demás, no caigamos en la indiferencia en la situación que estamos viviendo.

Al iniciar este tiempo de gracia del Señor, le pedimos que nos siga dando la ilusión suficiente para vencer nuestra tentaciones mas comunes y para que nos aumente las ganas y los deseos de ser mejores, y lo hacemos pidiendo los unos por los otros, especialmente por los que estamos aquí, y lo hacemos al tiempo que recordamos a los que menos tienen, a los que sufren o están enfermos, especialmente a los que conocemos o son de nuestras familias.