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Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (A)

Jesús conversa con unos fariseos

MATEO 22, 15-21. En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es licito pagar impuesto al César o no?» Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús: «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto.» Le presentaron un denario. Él les preguntó: «¿De quién son esta cara y esta inscripción?» Le respondieron: «Del César.» Entonces les replicó: «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios».


En el trozo de la carta de Pablo a los cristianos de Tesalónica, que acabamos de leer (por cierto, esta carta de Pablo es cronológicamente el primer escrito del Nuevo Testamento) Pablo destaca lo que son los tres pilares fundamentales de la Iglesia de ayer, de hoy y de siempre, estos tres pilares son “la actividad de nuestra fe, la solicitud de nuestro amor y el tesón de nuestra esperanza”. Son las tres virtudes fundamentales que Pablo menciona en la primera línea de su primer escrito: fe, esperanza y caridad. Estas tres virtudes son las que hoy también deben ser el fundamento de lo que creemos: la fe en Jesucristo resucitado, la caridad como sello de nuestra acción, y la esperanza como estímulo y estilo de nuestra vida. Ayer, hoy y siempre estas serán las señas de identidad de todos los que se llamen cristianos.

El evangelio nos presenta una realidad muy común en tiempos de Jesús. Uno de los motivos más frecuentes de las revueltas populares en el Israel, de los levantamientos de los judíos contra los invasores, eran los impuestos. Impuestos que eran establecidos por los romanos, como potencia dominante, y que los judíos consideraban abusivos. Por tanto, la pregunta a Jesús iba sin duda con una doble intención, para ver de que lado estaba, o bien del lado de los romanos, si los aprobaba, o bien del lado judío si los negaba. No era por tanto una cuestión secundaria.

Jesús elude el tema, y se sitúa en un plano muy común en él, en cuestiones parecidas, El de su total libertad ente la autoridad. Cogiendo la excusa de la cara de la moneda, pasa de la pregunta sin pillarse las manos en un tema que lo podía comprometer.

“Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” es sin lugar a dudas una de las frases mas manoseadas del evangelio, y muchas veces utilizada con sentidos no demasiado acertados. Para nuestra reflexión dominical, no cabe duda, que es mas interesante fijarnos en la segunda parte de la frase que en la primera” Dar a Dios lo que es Dios”. Los hombres y mujeres de nuestro tiempo miran poco hacia Dios. O, de otra manera, la gran mayoría de nuestros contemporáneos no se plantean demasiado si viven o no de cara a Dios, si da a Dios lo que es de Dios. Damos, al Cesar lo que es del Cesar, porque no nos queda otro remedio, pero dar a Dios lo que es de Dios. Jesús se lo dijo a aquellos visitantes malintencionados, pero podría decírselo hoy a cualquiera, también a nosotros, “no te olvides de dar a Dios lo que es de Dios”.

Se puede vivir de espaldas a Dios de muchas maneras, lo hacen los que reniegan de El o viven sin religión, los que viven con una indiferencia absoluta ante lo religioso, pero también podemos hacerlo nosotros, y no olvidemos que las lecturas nos han hablado a nosotros, a los que estamos aquí, a los que las que hemos venido a escuchar, y no a los que no están, por eso debo reconocer que yo no le doy a Dios lo que es de Dios cuando mi vivencia no es lo suficientemente auténtica, cuando vivimos con rutina, y sin profundizar en lo que creemos. Cuando lo que hacemos lo hacemos solo por cumplir. Por eso es importante bajar a lo concreto, y ver que es lo que yo le estoy dando a Dios. En mi examen personal, si es que lo hago, debo preguntarme si Dios ocupa en mi vida el lugar que debe ocupar, y no porque lo tenga que hacer por obligación, sino que desde que mis padres me bautizaron y yo después asumí esos compromisos con mi primera comunión y mi confirmación, estaba manifestando que Dios ocuparía su lugar en mi vida y en las cosas que hago.

Los 13.000 misioneros españoles repartidos por todo el mundo nos piden hoy que recemos por ellos, quieren que nos acordemos de ellos, para que sean fieles a su misión. El lema de este año “Renace la alegría” es una declaración de que no se puede ser testigo de Jesús, sin hacerlo con alegría, la alegría es al manifestación de que estamos convencidos de lo que hacemos.

Al tiempo que recordamos a todos los necesitaos, te damos gracias Señor por lo que somos y tenemos, te pedimos que nos sigas ayudando a vivir con entrega a las personas, manifestando con nuestro comportamiento y nuestras actitudes que merece la pena ser misionero en los sitios donde estamos.


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